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Regla del mejor método en México: jerarquía del artículo 180 LISR

La regla del mejor método obliga a considerar primero el precio comparable y documentar su descarte. Cómo se aplica el artículo 180 y los errores típicos.


En México no se elige el método de precios de transferencia por preferencia del asesor: el artículo 180 de la LISR establece una jerarquía que empieza siempre por el precio comparable y exige razonar por escrito cada descarte. Esa disciplina — la “regla del mejor método” en su versión mexicana — es lo primero que la autoridad revisa en cualquier estudio.

Y hay un párrafo, uno solo, donde la mayoría de los estudios mexicanos se vuelve indefendible: el que explica por qué no se usó el primer método de la lista.

Los seis métodos del artículo 180

MétodoQué comparaPerfil típico
Precio Comparable No Controlado (PC)Precios directamenteCommodities, préstamos, comparables internos
Precio de Reventa (PR)Margen bruto sobre ventasDistribuidores
Costo Adicionado (CA)Margen bruto sobre costosManufactura, servicios
Partición de Utilidades (PU)Utilidad global repartidaAmbas partes aportan valor único
Residual de Partición (RPU)Rutinario primero, residual por intangiblesGrupos con intangibles valiosos
Márgenes Transaccionales (MTU)Utilidad de operaciónEl más usado en la práctica

El catálogo completo y su mecánica están en el artículo 180 de la LISR.

La jerarquía: el PC va primero, por ley

El artículo 180 ordena aplicar en primer término el método de Precio Comparable No Controlado. Los demás métodos solo pueden usarse cuando el PC no sea el apropiado para la operación, conforme a las Guías de la OCDE.

Vale la pena leer esa construcción con calma, porque casi nadie la cita completa. No dice “se sugiere”. No dice “preferentemente”. No dice “según el criterio del asesor”. Es una obligación con una puerta de salida, y la puerta tiene una condición: demostrar que el precio comparable no es el apropiado.

En la práctica el PC se descarta en la mayoría de los casos, porque exige comparabilidad estricta: mismo producto, mismas condiciones, mismo volumen, mismo plazo, mismo mercado. Casi nada del mundo real sobrevive esa prueba, y eso está bien: descartarlo es normal y aceptable.

El problema nunca fue descartarlo. El problema es descartarlo sin haberlo buscado. Esa diferencia es justo lo que la autoridad está entrenada a detectar, porque un descarte honesto deja huella y uno inventado no.

Cómo se ve un descarte que aguanta

La forma más rápida de entenderlo es poner los dos lado a lado.

Descarte machote:

“El método de precio comparable no controlado no resultó aplicable, por lo que se optó por el método de márgenes transaccionales de utilidad de operación.”

Descarte que aguanta:

“No se identificaron ventas del mismo producto a terceros independientes en condiciones comparables de volumen, plazo de crédito y mercado geográfico durante el ejercicio. Se revisaron las ventas a clientes no relacionados de la línea de producto, encontrándose diferencias de volumen superiores al 70% y condiciones de entrega distintas, no ajustables de manera confiable.”

El primero es una conclusión sin trabajo atrás. El segundo es trabajo con una conclusión al final.

De ahí sale la prueba mental más útil que puedes aplicarle a tu estudio hoy mismo: si el párrafo del descarte del PC se puede copiar tal cual al estudio de otro cliente, de otra industria, sin cambiarle una sola palabra, entonces no es un descarte — es relleno.

Descarte machoteDescarte que aguanta
ProductoNo lo mencionaIdentifica la línea de producto
BúsquedaNo constaConsta que se revisaron ventas a no relacionados
DiferenciasNingunaVolumen, plazo de crédito, mercado geográfico
MagnitudNingunaDiferencias de volumen superiores al 70%
AjustabilidadNo se discuteSe concluye que no son ajustables de forma confiable

El comparable interno: el que probablemente ya tienes

Fíjate en un detalle del descarte bueno: dice que se revisaron las ventas a clientes no relacionados. Buscó adentro antes de buscar afuera. Y ese es el punto que cuesta más caro en México.

La búsqueda de comparables no empieza en una base de datos: empieza en tu propia facturación. Si tu empresa le vende el mismo producto —o presta el mismo servicio— a un tercero independiente, ese comparable ya existe. No lo tienes que construir ni comprar: está en tus CFDI, con precio, volumen, fecha, cliente y condiciones de pago.

Se llama comparable interno, y es el más fuerte que puede tener un estudio, porque elimina de golpe casi todas las diferencias que arruinan a los externos: misma empresa, mismo producto, mismos procesos, mismo mercado, mismo periodo.

Por qué ignorarlo es el error más caro

Tus CFDI están timbrados. Cada factura emitida a una parte relacionada y cada factura emitida a un tercero independiente están en el mismo lugar, con RFC, clave de producto y servicio, importe y fecha. Y la relación entre partes se declara: está en tu anexo, en tu declaración informativa y en tu contabilidad electrónica.

Así que la autoridad puede hacer, sin pedirte un solo papel, la operación más simple del mundo:

  1. Tomar la misma clave de producto o servicio.
  2. Separar las facturas emitidas a partes relacionadas de las emitidas a independientes.
  3. Comparar el precio promedio.

Si esa comparación arroja una diferencia y tu estudio dice que no había comparables de precio, ya no estás discutiendo metodología: estás discutiendo credibilidad. Y cuando el estudio pierde credibilidad, todo lo demás — el análisis funcional, el rango, los ajustes — se lee con lupa.

Ojo: tener un comparable interno no obliga a usarlo a ciegas. Si tus ventas a terceros son a otro volumen, en otra moneda, en otro país o con otras funciones incluidas, puedes rechazarlo — pero por escrito, con las diferencias identificadas y la explicación de por qué no son ajustables de manera confiable. Lo que no puedes hacer es fingir que no existe.

Los errores que más se repiten

  1. Saltar directo al MTU sin discutir el PC ni los métodos de margen bruto. Es el defecto metodológico más fácil de detectar para la autoridad.
  2. Descartes copiados de un ejercicio a otro o de un cliente a otro, que no corresponden a la operación real.
  3. Elegir el método por el resultado: aplicar el que “deja dentro de rango” en lugar del que mejor refleja la operación.
  4. Ignorar el comparable interno existente porque el set externo era más cómodo de construir.

La incongruencia que delata sola a un estudio

Hay un error que merece mención aparte, porque el estudio se autodenuncia. El caso clásico: descarta el Precio de Reventa alegando diferencias contables en la determinación del margen bruto entre la compañía y los comparables —una razón real y muy común— y tres párrafos después selecciona el Costo Adicionado.

El problema es que el costo adicionado también es un método de margen bruto. Acabas de escribir que el margen bruto no es confiable en este caso y luego construiste toda tu conclusión sobre el margen bruto. Detectarlo no requiere que la autoridad sea experta en tu industria: requiere que lea dos páginas seguidas.

Elegir el método por el resultado

Este es el más humano. Corres el análisis con un método, la empresa queda fuera de rango y habría que hacer un ajuste que a nadie le va a gustar; corres otro y de repente queda cómodamente dentro. ¿Cuál se queda en el estudio?

Ese razonamiento va al revés de la ley. El método no se selecciona por el resultado que produce, sino por el perfil funcional de la parte analizada y la calidad de la información disponible, bajo el estándar del principio de plena competencia. El resultado es la consecuencia, no el criterio.

Y deja rastro entre ejercicios: si el año pasado usaste un método y este año otro, sin que hayan cambiado las funciones, los activos o los riesgos de la compañía, la pregunta se hace sola. ¿Qué cambió? Si lo único que cambió fue el número, no hay defensa técnica que valga.

Cuatro preguntas para revisar tu propio estudio

Abre tu estudio del ejercicio pasado, busca la sección de selección de método de cualquier operación y hazle estas cuatro preguntas:

  1. ¿El descarte del PC menciona algo específico de esta operación, de este producto y de este ejercicio? ¿O cabe en cualquier estudio del mundo?
  2. ¿Dice con todas sus letras si existen o no ventas del mismo bien o servicio a terceros independientes? Si no lo dice, ahí tienes un hueco — y ese hueco está en tus facturas.
  3. ¿El método elegido es congruente con las razones por las que descartaste los anteriores? Si descartaste algo por el margen bruto, no puedes aterrizar en el margen bruto.
  4. Si te preguntaran hoy por qué usaste ese método y no otro, ¿la respuesta está en el papel o solo en tu cabeza? Lo que no está en el papel, para efectos de una revisión, no existe.

Por qué la selección de método decide el dinero

El método que elegiste no te da un número: te da un rango. En México el resultado se evalúa contra el rango intercuartílico de los comparables, y si tu empresa cae fuera, el ajuste no es al límite más cercano: es a la mediana. Es decir, hasta el centro.

Piénsalo un segundo. El método que escogiste —y que quizá quedó justificado con un párrafo de doce palabras— es el que define contra qué rango te miden y cuánto te cuesta caer fuera. Por eso la selección de método no es el trámite del estudio: es la parte del estudio que decide el dinero.

Y una vez que llegas al MTU, donde termina la mayoría de las operaciones, queda una segunda decisión que mueve el resultado tanto como la primera: qué indicador de rentabilidad usar.

Preguntas frecuentes

¿Es obligatorio usar el método de precio comparable?

Es obligatorio considerarlo primero. El artículo 180 ordena aplicarlo en primer término y solo permite usar los demás cuando el PC no sea el apropiado para la operación. Descartarlo es válido y frecuente; lo que no es válido es descartarlo sin dejar constancia de por qué.

¿Qué tan específico debe ser el descarte de un método?

Lo suficiente para que no pueda pertenecer a otro estudio. Debe nombrar la operación, el producto o servicio, el ejercicio, qué se buscó, qué diferencias se encontraron y por qué no son ajustables de manera confiable.

¿Qué pasa si tengo comparables internos y no los usé?

Es el escenario más riesgoso, porque la autoridad puede detectarlo con tu propia facturación timbrada sin pedirte información. Si existen y no son utilizables, el estudio debe decirlo y explicar las diferencias; si existen y no se mencionan, el problema deja de ser metodológico y pasa a ser de credibilidad.

¿Puedo cambiar de método entre ejercicios?

Sí, cuando cambian las circunstancias: funciones, activos, riesgos, disponibilidad de información o la naturaleza de la operación. Lo que no se sostiene es cambiar de método sin que haya cambiado nada relevante, porque la lectura natural es que se eligió por el resultado. El cambio se documenta igual que el descarte: con razones específicas del ejercicio. Y el escrutinio sube cuando hay regalías e intangibles de por medio.

Abre tu estudio y busca la sección de selección de método de cualquier operación: si el descarte del PC cabe en una línea genérica, tienes un flanco débil. Solicita un diagnóstico y te decimos si la selección de métodos de tu estudio resistiría una revisión.