Carta invitación del SAT en precios de transferencia: cómo responder
Qué significa una carta invitación del SAT por precios de transferencia, por qué no son facultades de comprobación y cómo responder sin escalar el caso.
Una carta invitación del SAT por precios de transferencia no es una auditoría: es la autoridad mostrándote sus cartas antes de jugar. Entender qué es — y sobre todo qué no es — define si el asunto se cierra con un escrito bien armado o escala a una revisión formal.
Qué es exactamente una carta invitación
Es un acto de vigilancia profunda: la autoridad cruza la información que ya tiene de ti — declaración anual, Anexo 9 de la DIM, informativas, CFDI — contra sus modelos de riesgo, detecta una inconsistencia o un patrón atípico, y te “invita” a explicarlo o autocorregirte. Suele llegar como oficio o como cita a una entrevista de orientación, frecuentemente con los cálculos preliminares de la autoridad anexos.
Los detonantes más comunes en precios de transferencia: márgenes por debajo del sector, pérdidas recurrentes, pagos relevantes al extranjero, o diferencias entre lo declarado en el Anexo 9 y la contabilidad.
Qué NO es (y por qué importa)
La carta invitación no es el ejercicio de facultades de comprobación. No es una visita domiciliaria, ni una revisión de gabinete, ni una revisión electrónica. Eso tiene consecuencias prácticas:
| Aspecto | Carta invitación | Facultades de comprobación |
|---|---|---|
| Plazos legales para responder | No hay plazo con sanción directa | Plazos cortos y obligatorios |
| ¿Interrumpe la caducidad? | No | Sí |
| ¿Puede terminar en liquidación? | No directamente | Sí |
| ¿Conviene ignorarla? | No: suele escalar | No aplica |
Que no haya consecuencia legal inmediata no significa que sea inofensiva: la carta es la señal de que ya estás en el radar. Ignorarla o responder con evasivas es la forma más rápida de convertir una invitación en una orden de visita — el proceso completo lo explicamos en cómo es una revisión del SAT y cómo prepararse.
Cómo responder sin escalar
- No respondas el mismo día ni en frío. Lee qué dato específico detonó la carta. La autoridad casi siempre te lo dice: un margen, una partida, una inconsistencia puntual.
- Reconstruye el origen de la cifra observada. Muchas cartas se resuelven demostrando que la “inconsistencia” es una diferencia de criterio de presentación, no una omisión.
- Responde con soporte técnico, no con narrativa. El estudio del ejercicio observado, los papeles de trabajo y la conciliación entre estudio, Anexo 9 y contabilidad valen más que cualquier explicación verbal. Aquí pesa que la documentación sea contemporánea: un estudio que ya existía cuando ocurrieron las operaciones responde solo.
- Evalúa la autocorrección con números, no con miedo. Si los cálculos de la autoridad tienen razón parcial, un ajuste voluntario en este punto cuesta mucho menos que el mismo ajuste dentro de facultades de comprobación, con multas y actualización encima.
- Deja constancia formal de todo. Si acudes a una entrevista, lleva un acompañante técnico y documenta lo que se dijo y se entregó.
El error más caro
El error clásico es tratar la carta como trámite menor y mandar una respuesta genérica sin revisar primero si tu propia documentación sostiene lo que vas a afirmar. Si respondes que tus operaciones están a valor de mercado y tres meses después la revisión formal encuentra un estudio débil o inexistente, tu respuesta se convierte en evidencia en tu contra.
Nuestro terreno no es el litigio: es que el expediente que respalde tu respuesta — estudio, benchmarks, conciliaciones — esté sólido antes de que firmes cualquier escrito. ¿Recibiste una carta invitación y quieres saber qué tan firme está tu posición antes de responder? Revisémosla juntos, con calma y antes de que el asunto suba de nivel.